Ya os había avisado, no todo en la vida es política; los que me conocéis bien sabéis que las mujeres son mi gran debilidad, y de eso voy a hablar. Seguramente no dejaréis tantos comentarios, me llamaréis misógino (ya sabéis que no lo soy) o machista (tampoco, todo lo contrario); pero bueno ahí va:
Hablaba hace ya unos días con un "compañero medieval" (no penséis que estoy tarado, él sabe quien es y muchos más también). Estaba un poco hundido y necesitaba levantar el ánimo y él me ayudo, como lo ha hecho otras veces y tanto le agradezco. Empecé a contarle mis penas el tema desembocó en las mujeres y su forma de ser.
Me considero una persona de principios, y no me gusta traicionarlos por nada del mundo, pero a veces los traiciono, sobre todo por mujeres. Eso hace que me sienta... sucio (quizás no sea la mejor palabra). Lo peor de todo es que, a pesar de consciente de eso, por más que lo intente no puedo controlarme y acabo volviendo a tropezar en la misma piedra.
Le decía yo que, poco a poco, las mujeres perdían para mi la consideración que antes las tenía. Creía que eran iguales a los hombres... pero no, no lo son. Mal que a algunos les pese, son superiores, muy superiores a nosotros. Mientras nosotros seguimos guiándonos por impulsos primarios; ellas han conseguido controlarlos, o por lo menos que no se les note tan claro.
Hablabamos los dos, ya en un momento de desvarío supremo (aunque dijimos los dos verdades como puños), de que como seres tan bellos y perfectos (por que sí, es verdad, todas son bellas y perfectas) pueden hacer tanto daño. Son las mejores máquinas de guerra que he visto; y él me contestaba: si fuese cristiano te diría que son el diablo. Te hacen elegir, siempre hay que elegir; y lo peor es que nunca se elige bien. Sé que estoy hablando de tópicos, pero es verdad. No lo hacéis con mala intención, o eso quiero creer.
La perfección... luego dicen que son crueles... eso las hace perfectas. Son fuertes, atacan los puntos flacos de los enemigos, saben hacer sufrir y son capaces de no dejarte notar que ellas están sufriendo. Pueden hacer algo mal y son capaces de hacerte sentir culpable. Y lo más maravilloso es que pueden dar la vida... y quitarla... pero dejarte vivo.
Voy a acabar ya. Gracias al cielo no todas sois así, y desde aquí os saludo a mis amigas, a esas que me saben escuchar las que mejor, a las que saben ponerse en mi lugar, y a las que me consuelan cuando lo necesito, por eso GRACIAS Lara, Eider, Leire, Berta, Lucía, Amelia, Alba... y me dejo muchas en el tintero; espero que no os sintáis ofendidas si no veis vuestro nombre; sabéis que siempre os llevaré en mi corazón.