Hoy hablaba con una amiga sobre ONGs, asociaciones de ayuda, Médicos Sin Fronteras... Los dos coincidíamos en que estas cosas son tiritas para heridas demasiado profundas, pero considerábamos ambos que es desde aquí desde donde se pueden empezar a cambiar las cosas. Gracias a que hay gente que no sólo busca acallar su conciencia, si no que de verdad cree que se pueden cambiar las cosas... Porque si dependenmos de las acciones de los Gobiernos occidentales, podemos hacernos viejos y morir mientras esperamos.
Esta amiga mía no es del País Vasco, pero me comentaba que quería ahcer algo para concienciar y movilizar a los jóvenes, ya que, según ella, es su Huesca natal éstos estaban demasiado poco 'concienciados'. Esto me ha llevado a reflexionar sobre la posición de los jóvenes de hoy en día... ¿En dónde se ha quedado el activismo y la movilización de la que se hizo gala hace ya 40 años prácticamente?
Siempre ha quedado claro que somos los jóvenes los grandes motores de cambio ante las situaciones de injusticia de este mundo. Pero de un tiempo a esta parte parece que el sofá nos ha mantenido retenidos... Muchos dirán que esto ha ocurrido debido a la necesidad, ya que ahora la vida nos exige estar mucho más preparados académicamente y necesitamos múltiples empleos para poder adquirir una vivienda. Pero aún así, ni siquiera por eso nos llegamos a movilizar... porque, si bien han habido algunas concentraciones en contra, no llegamos a nada que haga plantearse a ningún Gobierno, o entidad bancaria a cambiar la situación. Es una utopía y mis amigos economistas dirán que hay que dejar que el mercado siga su curso. Puede que tengan razón.
Pero el pensar que todavía hay gente que sigue creyendo lo que a algunos nos parece algo perfectamente posible y a otros les parece una utopía, me llena de orgullo; y que esa persona pueda considerarla una amiga me enorgullece todavía más. Ella sabe que tiene todo mi apollo desde aquí y que la ayudaré en todo lo que sea posible. porque puede que no podamos cambiar el mundo, pero enseñando a tres personas a hacer algo, si luego esas tres personas sonc apaces de enseñar a otras tres cada uno, y a otras tres, y a otras tres... el cambio será posible.
No olvidemos, y esto va para los escépticos y los que mientras están leyendo esto estén poniendo caras y soltando improperios, que la utopía nos hace caminar; y que, aunque suene idealista e irreal, nada es imposible si puede ser imaginado. No basta con soñar un mundo mejor (ella se ha dado cuenta a los 18 años, a otros les ha costado mucho más), hay que luchar por conseguir ese mundo, porque si cada uno pone una piedra, podemos construir un muro y n unca es tarde para arreglar diques que hacen aguas, no dejemos que esos diques se rompan.