HOY
Hoy, la que se dice izquierda más progresista; la que se echa flores por que se dice baluarte de la defensa de los vascos y las vascas; la clama contra la ilegalización y el silenciamiento de sus opiniones, ha convocado en toda ‘su’ Euskal Herria una, como ellos dicen ‘Greba Orokorra’. Esa izquierda que se autodenomina abertzale, porque se arrogan los derechos de defender al pueblo vasco, ya que, los que no pensamos como ellos no somos vascos, o como mucho, somos vascos de segunda.
El Derecho a la Huelga, y si estoy equivocado me corregirán nuestros amigos los juristas, es un derecho individual y subjetivo. Entiendo que, basándome en estas palabras, nadie me puede obligar a secundar una huelga si yo no quiero hacerlo. Podrán llamarme esquirol o lo que quieran; pero yo actuaré como quiera, que para algo ese derecho es subjetivo. Pero claro, ¿dónde está el problema? En que para ello, lo único que importa es el número de gente que les secunda. A pesar de usar trampas para elevar este dato.
Hoy han ‘prohibido’ la entrada de los estudiantes a la universidad, los autobuses (o alguno de ellos) no pasaban por las paradas correspondientes. A pesar de que estoy seguro que habrá personas totalmente concienciadas por la huelga, y que actúan en base a sus convicciones, ¿por qué se nos niega al resto la posibilidad de ejercer nuestro no-derecho a la huelga?
Hoy hay personas que van a llegar tarde a trabajar, que no van a poder subir a la universidad, que no van a poder comprar en alguna tienda, o que van a tener que escapar de alguna manifestación con más que posibles cargas policiales. Eso es una huelga dirán algunos; un acto pretende paralizar todo un sector, o un país totalmente. Desde luego, no lo niego, pero creo que respetando las decisiones de los demás.
Nadie, por mucho que quiera hacerse con el control de un pequeño terruño de dos millones de habitantes, sin recursos energéticos, sin riqueza para explotar, puede obligar al otro 50% de la población a hacer lo que ellos quieren. Bastante han conseguido ya, metiéndonos en nuestras casas y haciendo que nuestros representantes democráticamente elegidos vayan acompañados por personal de seguridad. Bastante nos coartan, manipulan, acogotan.
Ya ha llegado la hora, de que los que acogotemos seamos nosotros. Demostrémosles como se hacen las cosas, y como se pueden conseguir derechos, libertades, bienes, etc. con el simple uso de la palabra y de los gestos. Demostrémosles que por cada boca nuestra cerrada, tres más se abrirán, al igual que Hydra decapitada.
Debemos de ser nosotros los que le hagamos callar, demostrando lo que más de la mitad de este pueblo, hecho a base de emigrantes, quiere. Demostrémosles que no por cambiarte el de Julián a Julen, de Pérez a Perurena, de López a Lopetegui, eres más vasco que el hijo de padre leonés y madre vallisoletana.
Seamos capaces de hacerlos callar usando sólo nuestras palabras. Que su griterío sea su tumba.

